Volví la vista

hace30años
¡Qué felicidad volver la vista a la infancia!

Hacía más de 30 años que no nos veíamos.

  • ¡Alba! – escuché a mi espalda.

Volví la vista y vi a un hombre que caminaba hacia mí con los brazos abiertos. Me afané por encontrar algún signo familiar en su fisonomía que me ayudase a reconocerlo pero tuve que ofrecer un humilde “dame más pistas”. Era Borja R., mi amigo en pre-escolar y primaria y hermano mellizo de mi primera mejor amiga.

Estaba siendo una de esas mañanas en las que todo parece torcerse. Llevaba una nube gris sobre la cabeza. Bastó que alguien pronunciara mi nombre para que, sin esperarlo, aquella mañana cambiara por completo. De pronto me sentía alegre, agradecida, envuelta en una nostalgia serena de la que no podía dejar de sonreír.

Tras 20 minutos de encuentro acabé dándole las gracias por haberme parado. Creo que le sorprendió. A mí también.

Durante unos minutos, a través de esta persona a la que ahora abrazaba, mi infancia dejó de ser un recuerdo para convertirse otra vez en una experiencia. Hablamos con la curiosidad tranquila de quienes compartieron una etapa auténtica de su vida. Fue una forma de reconectar con mis orígenes, y me reconocí en aquella niña.

La vida a veces te regala momentos como éste. Momentos en los que tu infancia vuelve como una explosión y no puedes sino sonreír de felicidad.

¿Y si no tuviéramos que esperar al azar para vivir momentos así?

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